En febrero de 2006, Anita Moorjani ingresó al hospital de Hong Kong en estado crítico. Pesaba 38 kilos, respiraba con dificultad y presentaba tumores del tamaño de limones diseminados por su cuerpo. Los médicos habían diagnosticado linfoma de Hodgkin cuatro años antes, pero ella había optado por terapias alternativas en lugar de quimioterapia convencional. Ahora el cáncer había avanzado sin control: metástasis en huesos, hígado y ganglios. Todos sus órganos fallaban. Le indujeron el coma el 2 de febrero.
Durante esas 30 horas de inconsciencia profunda, Moorjani relataría después haber experimentado lo que se conoce como una experiencia cercana a la muerte (ECM). Afirmó haber percibido la presencia de su padre fallecido y su amiga Soni, quien había muerto de cáncer años antes. Describió una sensación de claridad total, sin miedo ni dolor, donde comprendía que su miedo a la vida la había debilitado. Su padre le advirtió que si continuaba más allá de ese punto, no podría regresar. También vio escenas del futuro donde ella hablaba ante mucha gente. Decidió volver a la vida.
Lo extraordinario ocurrió después. Al despertar el 3 de febrero, su cuerpo comenzó a funcionar a pesar del colapso multiorgánico. Cuatro días más tarde, sus tumores se habían reducido en un 70 por ciento. A las tres semanas, tres médicos desconcertados ingresaron a su habitación con resultados que desafiaban toda lógica: no había rastro de cáncer en las biopsias, ni en los ganglios ni en la médula ósea. En cinco semanas fue dada de alta. Su cáncer entró en remisión total.
El caso no cerró debate alguno. El médico T. K. Chan, oncólogo que participó en su tratamiento, argumentó que el linfoma de Hodgkin es curable y puede responder dramáticamente al tratamiento, incluso en etapas avanzadas. Peter Ko, otro especialista que revisó el caso, fue más escéptico: nunca había visto una recuperación tan rápida y consideró que la quimioterapia aplicada en fase terminal no explicaba los resultados. Su conclusión fue que "la mente o el cuerpo enviaron un mensaje a las células cancerosas para apagar los genes mutados".
Hay críticos que señalan inconsistencias. Una enfermera de terapia intensiva anónima marcó diferencias entre el grado de linfoma reportado en el libro de Moorjani y el de su sitio web. Los registros médicos del ingreso hospitalario describen un estado mucho más grave que el indicado inicialmente, lo que genera dudas sobre si el estadio fue correctamente clasificado.
Moorjani escribió un libro titulado "Morir para ser yo" en 2012, que se convirtió en bestseller del New York Times y fue traducido a cuarenta idiomas. Su mensaje central: el miedo debilitaba su cuerpo y la ECM le permitió perder esos temores y recuperar la salud. Algunos expertos alertan que este relato puede resultar peligroso si lleva a pacientes a abandonar tratamientos médicos efectivos en favor del pensamiento positivo.
Sin embargo, la ciencia contemporánea ha documentado conexiones reales entre el estado emocional y el sistema inmunológico. La psiconeuroinmunología, fundada en los años setenta por Robert Ader, demostró que las respuestas inmunes pueden condicionarse. Investigaciones posteriores, incluyendo estudios sobre inmunoterapia en cánceres, confirman que variables psicosociales influyen en el desarrollo y la progresión de algunas enfermedades. En 2018, James Allison y Tasuku Honjo ganaron el Nobel de Medicina por descubrimientos sobre la regulación inmunitaria en tratamientos oncológicos.
Moorjani hoy tiene 67 años, reside en Estados Unidos con su marido y continúa escribiendo y dando conferencias. Su salud permanece en remisión desde 2006 sin recaídas. El interrogante persiste sin respuesta definitiva: ¿pueden los estados emocionales por sí solos desbloquear el sistema inmune lo suficiente como para lograr una remisión drástica de un cáncer avanzado? La ciencia aún no ha mapeado completamente ese territorio donde dialogan intensamente la mente y el cuerpo.

