Casi una década después de su creación, el Mercado Eléctrico Mayorista de México muestra signos claros de consolidación y crecimiento. Los datos más recientes publicados por Cenace revelan un ecosistema diverso: 220 participantes con contrato vigente distribuidos entre generadores, suministradores, comercializadores y usuarios calificados. Pero la cifra que mejor retrata el desempeño real del mercado es otra: 39 suministradores calificados operan efectivamente con obligación neta de potencia.
La expansión es sostenida y acelerada. Los suministradores calificados pasaron de demandar 127.68 MW en 2017 a 5 mil 24.94 MW en 2025, un crecimiento que representa 3.6 veces el tamaño original en apenas cinco años. Este incremento corresponde al 10.7 por ciento de la obligación neta total de compra de potencia, cifra que evidencia una migración estructural de grandes consumidores hacia esquemas más competitivos.
El año 2020 marca el punto de inflexión del mercado. A partir de entonces, cuando la capacidad demandada superó los mil 382.93 MW, el sector entró en una fase de expansión con tasa de crecimiento anual compuesta cercana al 29 por ciento. Este dinamismo supera el crecimiento natural de la demanda eléctrica nacional, lo que apunta a un fenómeno de cambio estructural en cómo los grandes consumidores interactúan con el sistema.
La lectura de estos datos revela que las empresas adoptaron la apertura del mercado como oportunidad para optimizar costos, reducir volatilidad y planificar mejor sus estructuras de gasto. La energía eléctrica dejó de ser un costo fijo para convertirse en una variable estratégica. La posibilidad de contratar a través de suministradores calificados o participar directamente en el mercado generó valor económico tangible que explica la adopción sostenida.
A diferencia de lo que podría suponerse, el crecimiento observado no es coyuntural sino reflejo de cambios profundos en la demanda. La expansión continua del mercado calificado confirma confianza en un esquema donde la competencia, la transparencia de precios y la posibilidad de estructurar coberturas crean incentivos reales para que los grandes consumidores adopten nuevas formas de contratar energía.

