La mayoría de los mexicanos no complementa sus aportaciones obligatorias para el retiro con ahorros voluntarios, una práctica fundamental que sigue siendo minoritaria y limita gravemente el monto de la pensión que podrán recibir. Según un estudio reciente, menos de 8 de cada 100 personas con Afore realizan aportaciones adicionales, lo que evidencia la falta de preparación financiera para la vejez en el país.

Aunque el ahorro voluntario ha mostrado un incremento en la última década, pasando de un 3.4% en 2015 a aproximadamente 7.9% en la actualidad, el crecimiento es insuficiente frente a las necesidades del sistema de pensiones. Esta baja participación refleja que más del 90% de quienes cotizan en Afore dependen exclusivamente de las aportaciones obligatorias y los rendimientos generados, lo cual limita su capacidad para asegurar una jubilación digna.

El estudio identifica varias causas para este bajo nivel de ahorro voluntario. Primero, la falta de ingresos disponibles es la principal barrera: en un país con alta informalidad laboral y bajos salarios, pocos cuentan con margen para destinar dinero al ahorro para el retiro. Además, existen sesgos conductuales que favorecen el consumo inmediato sobre la planificación financiera a largo plazo, como priorizar gastos actuales, evitar decisiones complejas y mostrar aversión al riesgo.

Otro obstáculo significativo es la desinformación. Un considerable número de personas no entiende qué son las aportaciones voluntarias, desconoce cómo realizarlas o ignora los beneficios que ofrecen herramientas como las Afore, los Planes Personales de Retiro o pensiones privadas. La desconfianza en el sistema financiero también juega un papel importante; la confianza ciudadana en estas instituciones ha caído en los últimos veinte años, desincentivando el uso de mecanismos formales para el ahorro futuro.

El destino del ahorro de los mexicanos apunta mayormente a necesidades de corto plazo, como emergencias, gastos cotidianos y consumo personal. Solo entre 2.5% y 2.7% de la población destina recursos específicamente para el retiro, lo que confirma que la planificación para la vejez no forma parte de la prioridad financiera de la mayoría.

La ausencia de aportaciones voluntarias compromete la suficiencia de las pensiones pues el sistema mexicano se basa en tres pilares: las aportaciones obligatorias, los rendimientos y las aportaciones adicionales. Sin estas últimas, las pensiones resultan limitadas y pueden no cubrir las necesidades básicas durante la jubilación, afectando tanto a los individuos como al sustento del sistema en general.