Michoacán mantiene un porcentaje alarmante de rezago educativo entre su población adulta, con más del 40% que no ha terminado la educación básica, lo que representa a casi 1.5 millones de personas mayores de 15 años. Esta cifra supera en más de 13 puntos porcentuales la media nacional, ubicando a la entidad en el segundo lugar a nivel país con la mayor proporción de población en esta condición.

Los datos provienen del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), que fundamenta sus estimaciones en el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, las proyecciones del CONAPO y las estadísticas educativas de la SEP. A nivel nacional, la población mayor de 15 años suma más de 102 millones, de las cuales aproximadamente 27 millones enfrentan algún tipo de rezago educativo: ya sea analfabetismo o no haber completado primaria o secundaria.

En cuanto al analfabetismo, Michoacán registra cerca de 214 mil personas que no saben leer ni escribir, lo que significa una tasa del 5.7%, más del doble del promedio nacional del 3.8%. Esta cifra coloca al estado en el octavo lugar por número absoluto de analfabetas y en el quinto lugar en tasa porcentual, junto con Puebla. Para dimensionar esta cantidad: equivale a toda la población de una ciudad importante dentro de la entidad, lo que refleja una problemática estructural profunda.

El rezago educativo en Michoacán no solo se limita al analfabetismo. La mayoría de la población adulta carece de educación secundaria completa, un indicador clave para el acceso a mejores oportunidades laborales y sociales. El impacto de esta carencia es transversal y se vincula con problemas de pobreza, violencia, exclusión y migración forzada que experimenta la entidad.

A pesar de que algunas autoridades presumen avances en la lucha contra el rezago educativo, los datos oficiales muestran que no existe una política pública efectiva ni una inversión verificable que reduzca esta brecha. La persistencia de estas cifras evidencia una falta de seguimiento y evaluación en los programas destinados a elevar los niveles educativos en la región, perpetuando así desigualdades que son también origen de exclusión social y económica.