Abril marca en la historia familiar del autor un ciclo de duelos que se extiende a lo largo de décadas. En este cuarto mes del año fallecieron su madre, su padre, un hermano médico dedicado a su profesión, y Beto, quien además de comprender el sufrimiento humano escribía poesías inspiradas en recuerdos del campo. A pesar de esta acumulación de pérdidas, el escritor encuentra en la llegada del Día del Niño una razón para reinterpretar el significado de abril.

La reflexión central gira en torno a una cualidad que sus familiares conservaron hasta el final: la capacidad de mantener la esperanza y la inocencia para ver lo mejor en las personas. El autor contrasta esto con una tendencia contemporánea donde predomina el daño anónimo a través de las pantallas. Destaca particularmente la figura de Toño, médico que más tarde llegaría a la Preparatoria 7 de la UNAM tras estudiar en el Seminario, y de quien aprendió que una sociedad entera puede cambiar si el amor hacia los semejantes es genuino y profundo.

Beto falleció hace cinco años, el 27 de abril, pero su legado continúa moldeando la forma en que el autor entiende la existencia cotidiana. La palabra "te amo" adquiere en su narrativa una dimensión de creación, de transformación permanente. Esta certeza lo lleva a ver en abril no el mes del dolor por la pérdida, sino una ocasión para recordar que la ruta del corazón y el amor sigue siendo la que ofrece consuelo a quienes sufren.

En un mundo donde niños y niñas padecen indignidad, el autor reclama que la vida debe dirigirse hacia ellos, convencido de que salvar a uno es salvar a la humanidad. Así, cada retorno de abril se convierte en confirmación de que aún es posible aspirar a una sociedad mejor en México y el mundo, sostenida en el recuerdo vivo de quienes ya no están pero cuya vocación por creer en el amor de las personas permanece intacta.