Las fuerzas de seguridad en Murcia han identificado que muchos de los menores involucrados en la producción de imágenes manipuladas sexualmente con inteligencia artificial tienen entre 10 y 11 años, edades en las que no pueden ser imputados penalmente. Esta situación deja a las autoridades con pocas herramientas para actuar directamente y obliga a que el caso pase a manos de servicios de protección a la infancia cuando la Fiscalía abre diligencias, que suelen archivarse rápidamente.

El uso generalizado de la inteligencia artificial entre escolares va más allá de la simple curiosidad o apoyo escolar: se ha convertido en una práctica común para resolver tareas y, lamentablemente, también para generar contenido inapropiado. Las imágenes creadas con IA, cuando parecen reales y muestran a menores desnudos, se consideran pornografía infantil, un delito grave penado con años de prisión si los responsables fueran adultos. Sin embargo, en el caso de estos niños, la normativa actual no contempla sanciones penales, lo que complica la respuesta jurídica.

Para producir este material ya no es necesario el acceso directo a un menor; basta con una fotografía original y la manipulación digital con IA para generar escenas que pueden causar daños irreparables a las víctimas. Esta facilidad para la creación y difusión de imágenes pone en alerta a las autoridades y a la comunidad educativa sobre la urgente necesidad de concienciar y educar a la población escolar.

Especialistas vinculados al Plan Director de convivencia y seguridad en escuelas de Murcia han detectado un aumento de conductas vinculadas al sexting, acoso y sexualización entre alumnos muy jóvenes. La Policía, a través de agentes especializados, trabaja para dar charlas sobre prevención de violencia de género y respeto, dirigidas a niños de 10 y 11 años, periodo en que muchos aún desconocen la gravedad jurídica y social de estas acciones.

Una agente de la Unidad de Participación de la Policía Nacional en Murcia explicó que ya se observan casos en los que los alumnos modifican imágenes de compañeros para generar desnudos falsos con IA, utilizando esas imágenes para burlarse o acosar. La normalización del uso de esta tecnología para tareas cotidianas ha llevado a una falta de conciencia sobre las consecuencias reales de su abuso.

Desde el ámbito legal, abogados reciben diariamente consultas de padres preocupados por estas situaciones, que reflejan un vacío en la educación digital y en el control parental. La invitación desde las instituciones es clara: es necesario fomentar una cultura de ciberseguridad que incluya el respeto a la privacidad y un conocimiento profundo sobre los riesgos y delitos asociados al mal uso de la inteligencia artificial.