El papa León XIV y el presidente estadounidense Donald Trump han protagonizado un enfrentamiento público sobre cuestiones de política internacional y justicia global. El pontífice condenó las amenazas de Estados Unidos hacia Irán, calificando como "inaceptable" la posibilidad de que Washington "borrara la civilización iraní" si Teherán no cumplía con exigencias sobre negociaciones nucleares y el estrecho de Ormuz.

Trump respondió descalificando al papa en redes sociales, acusándolo de extralimitarse en su rol. "No quiero un papa que critique al presidente de EE. UU. porque estoy haciendo exactamente lo que fui elegido para hacer en una aplastante victoria", escribió. León XIV replicó que seguiría hablando con firmeza contra la guerra, buscando promover la paz, el diálogo y el multilateralismo, sin temor al gobierno de Trump.

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Las críticas del papa van más allá de Irán. También cuestionó la política migratoria de Trump y sus operaciones militares. En 2025 pidió un alto al fuego en Gaza y llamó la atención sobre las condiciones de la población palestina, describiendo a quienes viven en las tiendas de Gaza expuestos a la lluvia, el viento y el frío.

El pontífice sostiene que la justicia debe fundamentar el orden internacional. Argumenta que el único poder absoluto es el de Dios y que los principios fundamentales derivan de él. Señala que la paz debe construirse sobre la base de la justicia, tanto entre hombres como entre Estados, a través del derecho internacional.

León XIV plantea que los países débiles enfrentan un sistema internacional donde las grandes potencias compiten por concentrar un poder hegemónico, mientras que los Estados más pequeños giran como satélites alrededor de este orden imperial. Propone la fraternidad y la integración continental como camino de liberación, rechazando el modelo económico donde naciones desarrolladas imponen reglas uniformes que perpetúan la pobreza de países periféricos.

El papa enfatiza la necesidad de una verdadera cultura del encuentro que preste mayor atención a los pobres y de redefinir el modelo de desarrollo global. Considera fundamental que las instituciones en todo el mundo creen redes y sinergias para promover estudios eclesiásticos y colaboración académica internacional, con el objetivo de fortalecer la identidad continental y el diálogo solidario.