Tener mascotas implica responsabilidades que van más allá de alimentarlas o llevarlas al veterinario. Recoger sus heces tanto en la calle como en el hogar es una obligación que el Gobierno de la Ciudad de México busca reforzar mediante una serie de recomendaciones sobre el correcto manejo de estos residuos. En México, se estima que aproximadamente la mitad de los hogares cuenta con al menos una mascota, ya sea perro o gato.

Cada animal genera en promedio alrededor de 600 gramos de heces y medio litro de orina al día. Dejar estos residuos en la vía pública representa un foco de contaminación significativo. Las heces contienen microorganismos patógenos como bacterias, virus y hongos capaces de provocar enfermedades tanto en otros animales como en humanos. Cuando se secan, estos residuos pueden fragmentarse y dispersarse por el aire, facilitando su contacto con la piel, ojos y vías respiratorias de las personas.

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Las principales afectaciones derivadas de esta contaminación incluyen padecimientos gastrointestinales, infecciones respiratorias, problemas cutáneos y oculares. Más allá de los riesgos sanitarios, los desechos de mascotas impactan la calidad del suelo, el agua y el aire. Su descomposición libera gases como el metano, directamente vinculado con el calentamiento global.

Para minimizar estos riesgos, las autoridades recomiendan recoger las heces con bolsas compostables y depositarlas en contenedores de residuos orgánicos o especializados. Se sugiere utilizar herramientas como pinzas o papel para evitar el contacto directo. En el caso de la orina, la limpieza debe hacerse con productos enzimáticos o soluciones con oxígeno activo. Para los gatos, el manejo de la arena depende de su tipo: la hidrosoluble se puede desechar en el inodoro, la orgánica va con residuos orgánicos, y la convencional debe ir en bolsas separadas dentro de la basura general.