Jerome Powell anunció que permanecerá en la Reserva Federal como integrante del Comité Federal de Mercado Abierto tras dejar la presidencia del banco central estadounidense. La decisión marca un quiebre con la tradición del organismo, donde los expresidentes suelen abandonar completamente sus funciones en la toma de decisiones. Powell asumirá un rol de bajo perfil como gobernador, argumentando que la continuidad institucional es necesaria en un momento que considera crítico para la autonomía de la Fed.

El anuncio incluye una advertencia sobre presiones sin precedentes que enfrenta el banco central en sus 113 años de historia. Powell señaló que acciones legales impulsadas desde la administración federal representan un riesgo directo para la capacidad de la Fed de conducir la política monetaria sin interferencias políticas. Simultáneamente, confirmó que Kevin Warsh será su sucesor en la presidencia, y adelantó que reconocerá plenamente la autoridad de su antecesor, insistiendo en que solo habrá un liderazgo formal en la institución.

La transición ocurre en un contexto de profundas divisiones internas. La última votación del Comité Federal de Mercado Abierto reveló fracturas significativas: 8 votos a favor y 4 en contra para mantener la tasa de interés en un rango de 3.5 a 3.75 por ciento. Este resultado marca la mayor disidencia interna desde 1992. Las diferencias no fueron solo numéricas: algunos funcionarios respaldaron mantener la tasa pero rechazaron el lenguaje del comunicado que insinuaba futuros recortes, mientras otro miembro votó abiertamente por una reducción inmediata.

El entorno internacional añade presión adicional. La guerra en Medio Oriente, particularmente el conflicto en Irán, ha elevado la incertidumbre económica global, obligando al banco central a mantener cautela en sus decisiones. La gestión de Powell concluye sin nuevos recortes y con críticas persistentes por haber subestimado inicialmente la inflación después de la pandemia, lo que retrasó ajustes más agresivos.