Una fuerza silenciosa está elevando los costos en Estados Unidos. El dólar estadounidense ha caído alrededor de un 10% frente a otras divisas importantes desde que el presidente Donald Trump regresó a la Casa Blanca, un retroceso que incide directamente en la preocupación de los ciudadanos por el costo de vida. Desde vacaciones de verano hasta la compra semanal en el supermercado, los efectos se propagan sin que muchos identifiquen la causa.

Thomas Savidge, economista del American Institute for Economic Research, describe el fenómeno como "una especie de impuesto oculto". El mecanismo es simple: a medida que el dólar pierde valor, lo que cada billete puede comprar en el extranjero se reduce proporcionalmente. Las importaciones se encarecen. Los bienes extranjeros cuestan más. Y esos costos se trasladan a los consumidores finales.

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El Índice del Dólar Estadounidense, que mide el precio de la moneda frente a otras divisas principales, registró su mayor caída en seis meses en más de 50 años durante la primera mitad de 2025. Aunque el descenso se ha estabilizado, el índice sigue aproximadamente un 10% por debajo del nivel inicial del mandato de Trump.

La mecánica económica es conocida: un dólar fuerte abarata las importaciones y ayuda a controlar la inflación. Uno débil, en cambio, encarece los bienes extranjeros, pero impulsa las exportaciones estadounidenses. Históricamente, los presidentes estadounidenses han expresado apoyo a una moneda fuerte, aunque sus políticas no siempre lo reflejaban. Trump ha adoptado una postura diferente. Ha sugerido públicamente que un dólar fuerte pone a Estados Unidos en desventaja y que uno débil beneficia a la industria nacional. "Se gana muchísimo más dinero con un dólar más débil", afirmó el año pasado, una de varias declaraciones que evidencian su preferencia por un descenso de la moneda.