Una investigación publicada en Current Developments in Nutrition mostró que adoptar una dieta vegana baja en grasas reduce las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la alimentación en un 55% y la demanda energética acumulada en un 44%. Los cambios se registraron en apenas 12 semanas en participantes de un ensayo clínico aleatorizado con adultos diagnosticados con diabetes tipo 1.
Dirigida por Hana Kahleova, una experta internacionalmente reconocida en nutrición y metabolismo, la investigación analizó datos dietéticos reales. Kahleova aclaró que no se trató de un modelo teórico sino de "datos reales de un ensayo clínico que demuestran que cambiar nuestra alimentación puede reducir de forma rápida y significativa el impacto ambiental, al tiempo que mejora la salud metabólica".
El grupo que siguió una dieta basada en frutas, verduras, cereales integrales y legumbres logró esas reducciones drásticas. En cambio, el grupo de control, que consumió productos de origen animal, no mostró variaciones. Las mejoras se debieron principalmente a la eliminación de la carne y los productos lácteos, componentes que requieren mayor consumo de recursos. La carne de vacuno encabeza la lista de emisiones a la atmósfera.
Más allá de los beneficios ambientales, los participantes que adoptaron la dieta vegana experimentaron mejoras clínicamente significativas: reducción de las necesidades de insulina, mejor sensibilidad al medicamento, pérdida de peso y menor nivel de colesterol.
Kahleova destacó que "el patrón dietético más protector para la salud metabólica es también el más sostenible para el planeta". Los sistemas alimentarios representan aproximadamente un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. A diferencia de otras intervenciones climáticas que requieren infraestructura a gran escala, los cambios dietéticos pueden implementarse de inmediato a nivel individual.
Los expertos reconocen que la carne y los lácteos pueden ser fuentes importantes de micronutrientes en países con rentas bajas donde las dietas carecen de diversidad. Sin embargo, en naciones con rentas elevadas, esta transición a alimentos basados en plantas fomentaría mejor salud mientras reduciría notablemente el impacto ambiental respecto a una dieta promedio basada en carnes animales.

