Un análisis de Mass General Brigham y Rush University Medical Center, publicado en la revista científica JAMA Network Open, analizó el patrón de descanso de 1.338 adultos y concluyó que el momento en que una persona se acuesta influye directamente en su riesgo de mortalidad. Los hallazgos desafían la creencia común de que dormir ocho horas es suficiente para proteger la salud: la hora del día en que se inicia el sueño resulta ser igualmente crítica.

Según la investigación estadounidense, la franja horaria óptima para acostarse se sitúa entre las 22:00 y las 23:00 horas. Quienes se acuestan antes de las 22:00 tienen un 24% más de probabilidades de sufrir un evento cardíaco. Si el inicio del sueño es pasada la medianoche, el riesgo aumenta al 25%. Incluso acostarse entre las 23:00 y las 23:59 genera un 12% más de riesgo respecto al grupo considerado óptimo. Este patrón persiste incluso en personas que cumplen con el número total de horas recomendadas de sueño.

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Un segundo estudio liderado por las universidades de Surrey y Northwestern, que analizó a más de 433.000 personas, reforzó estos hallazgos. Quienes tienden a dormir tarde presentan un 10% más de probabilidad de morir por cualquier causa durante un seguimiento de seis años. Esta asociación se mantiene tras ajustar otros factores de riesgo, subrayando la importancia del momento preciso de inicio del sueño.

La clave de este fenómeno reside en el ritmo circadiano, el reloj biológico que regula los ciclos diarios del cuerpo humano. Cuando este mecanismo interno se altera debido a horarios irregulares o desajustes en la hora de acostarse, pueden aparecer consecuencias negativas que incluyen hipertensión, problemas metabólicos y una predisposición mayor a enfermedades cardíacas y neurodegenerativas.

Un análisis de casi 61.000 casos del Biobanco del Reino Unido, publicado en la revista Sleep, demostró que la regularidad de los horarios de descanso reduce el riesgo de morir por cualquier causa hasta en un 48% frente a quienes siguen patrones erráticos. Este efecto se mantiene incluso entre personas que duermen las siete u ocho horas recomendadas. Russell Foster, director del Instituto de Neurociencia del Sueño y Circadiana de la Universidad de Oxford, destacó a la BBC que "la regularidad del sueño es por mucho lo más importante". Foster subraya que, si bien la duración óptima depende de cada persona, la clave está en la consistencia de los horarios.