La parroquia de Santiago Apóstol de Montilla marca este 30 de abril el vigésimo quinto aniversario de su reconocimiento como Bien de Interés Cultural (BIC). El hito pone en relieve la relevancia histórica, artística y patrimonial de uno de los templos más significativos de la ciudad cordobesa. El proceso administrativo que condujo a esta declaración se inició en 1983, pero su culminación oficial llegó mediante decreto el 30 de abril de 2001, momento en que la iglesia ingresó en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz y quedó sujeta a un régimen de protección integral.
Según la tesis doctoral de la investigadora María Araceli Calvo Serrano titulada El Patrimonio Monumental de Montilla. Caso de la Parroquia de Santiago Apóstol, el templo forma parte del conjunto de inmuebles municipales con máximo nivel de protección. El edificio representa no solo un espacio religioso, sino también un testimonio material de la evolución histórica de Montilla. Su desarrollo se sitúa en el contexto del auge que experimentó la localidad durante el siglo XVI, cuando su vinculación con la Casa de Aguilar y posteriormente con el Marquesado de Priego impulsó un notable crecimiento económico y cultural que favoreció la construcción de edificios religiosos de gran entidad.
La parroquia no es una obra cerrada en un momento concreto, sino resultado de un proceso constructivo prolongado. Desde sus fases medievales hasta las intervenciones más recientes, el templo ha experimentado múltiples transformaciones. Su estructura arquitectónica revela una complejidad notable: la nave principal, las capillas laterales y los espacios litúrgicos responden a una evolución orgánica marcada por necesidades funcionales y aportaciones de familias y élites locales. Capillas como la Bautismal —donde fue cristianado san Francisco Solano, patrón de Montilla—, la del Sagrario y otras dedicadas a distintas advocaciones evidencian la implicación de la sociedad montillana en su configuración.
Destaca especialmente la torre, vinculada a la tradición arquitectónica renacentista y relacionada con la figura de Hernán Ruiz. Este elemento cumple funciones simbólica y litúrgica, y se erige como uno de los hitos visuales más reconocibles del paisaje urbano. Su evolución refleja cambios técnicos y estilísticos de la arquitectura andaluza. El 1 de noviembre de 1755, el seísmo de Lisboa —uno de los mayores de la historia europea— dañó severamente la torre hasta obligar a derribarla y sustituirla por la actual, diseñada por el maestro José Vela y terminada en 1789.
El interior alberga un patrimonio artístico de gran riqueza que abarca distintos periodos y estilos. Destacan obras barrocas y aportaciones de artistas locales como José Santiago Garnelo y Alda, con obras como El Milagro de San Francisco Solano en el barrio de Tenerías y su Apostolado. Las reformas de los siglos XIX y XX, motivadas por deterioro o riesgo de ruina, evidencian la continua adaptación del edificio a cada época.
La conmemoración de este aniversario invita a reflexionar sobre el valor de la iglesia no solo como espacio arquitectónico o artístico, sino también como lugar cargado de significado para generaciones de montillanos. Ha sido escenario de celebraciones y vivencias que forman parte de la memoria colectiva de la ciudad. Esta dimensión intangible refuerza su valor como patrimonio vivo, consolidándola como uno de los principales referentes patrimoniales de Montilla.

