La sandía se posiciona como la fruta con menos calorías disponible en el mercado. Con un aporte de apenas 30 calorías por cada 100 gramos, se convierte en una opción ideal para planes de alimentación balanceada. Su alto contenido de agua y sabor fresco facilitan su consumo como colación o parte de un desayuno ligero.

Más allá de las calorías, la sandía ofrece un perfil nutricional ventajoso. Contiene aproximadamente un 90 por ciento de agua, lo que contribuye a mantener la hidratación y genera sensación de saciedad. Además, es rica en vitamina C, vitamina A y licopeno, un antioxidante que protege las células frente al daño oxidativo. Su bajo índice glucémico la convierte en una alternativa apropiada incluso para personas con diabetes.

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Para personas diabéticas, aunque el índice glucémico de la sandía es alto, la cantidad real de carbohidratos por porción es reducida, lo que minimiza su impacto en los niveles de glucosa sanguínea cuando se consume en cantidades moderadas.

Consumir sandía de forma saludable requiere seguir recomendaciones simples. Una porción recomendada es de aproximadamente una taza, equivalente a 150 gramos. Lo ideal es elegir la fruta fresca y natural, sin añadir azúcar, miel, jarabes ni otros endulzantes. Es mejor consumirla en cubos o rebanadas que en forma de jugo, ya que este último aumenta significativamente el contenido calórico.

Para potenciar sus beneficios, se puede combinar la sandía con otros alimentos saludables como semillas de chía, nueces o yogur natural sin azúcar, lo que aumenta la saciedad y reduce picos glucémicos. También funciona bien incorporada en ensaladas frescas con pepino, menta y limón. Se sugiere refrigerarla antes de partirla y servirla fría como snack o postre, preferiblemente en porciones pequeñas como parte de un desayuno o merienda balanceada.