La inteligencia artificial generativa está acelerando un cambio laboral comparable a la Revolución Industrial. En el último año, el despliegue de esta tecnología ha transformado empresas y mercados de trabajo en Córdoba, abriendo nuevas posiciones profesionales y forzando reconversiones en sectores tradicionales.

Sebastián Ventura, vicerrector de Transformación Digital y Gestión de Datos de la Universidad de Córdoba, sostiene que el cambio no será una destrucción masiva de empleo sino una readaptación. La IA tiene potencial para descargar a los trabajadores de tareas repetitivas y dejar espacio para trabajo que aporte valor humano real. Sin embargo, advierte que las empresas no pueden limitarse a incorporar herramientas genéricas: deben repensar procesos, estructuras y objetivos.

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Los nuevos perfiles demandados incluyen desarrolladores especializados en IA, auditores éticos capaces de detectar sesgos y garantizar fiabilidad, diseñadores de interfaz y, crucialmente, profesionales que actúen como traductores entre las necesidades reales de las empresas y las soluciones técnicas. Estos últimos emergen como figuras clave para garantizar que cada organización implemente soluciones específicas y no soluciones genéricas.

La logística es uno de los sectores más impactados. Las empresas buscan optimizar procesos ligados a recursos humanos, estrategias de personal, fabricación y producción. Pero la demanda se extiende a sectores clásicos como alimentación y supermercados, donde también se requiere formación en estas herramientas.

Enrique Molina, director de Aforcade, reporta que la demanda de formación en IA crece tanto desde trabajadores como desde empresas. Los cursos que ofrecen atraen perfiles variados: no solo jóvenes, sino también mayores de 45 años, personas con discapacidad y migrantes. Algunos participantes ya tienen empleo garantizado antes de terminar la capacitación.

La experta en IA generativa Sofía Martínez subraya que muchas empresas necesitan primero un trabajo profundo de digitalización antes de implementar estas herramientas. El elemento decisivo será el pensamiento crítico: la capacidad del trabajador para cuestionar, analizar y crear donde la IA no alcanza.

Ventura advierte que el mercado está saturado de expectativas infladas sobre la tecnología. Las empresas deben asesorarse antes de invertir, evaluando si la IA realmente encaja en su caso particular y si sus limitaciones coinciden con sus necesidades reales. Con el tiempo, insiste, todo se estabilizará y los propios trabajadores reclamarán estas destrezas para evolucionar en sus carreras.